lunes, 5 de enero de 2015

¡Año Nuevo... tarjetas nuevas!

Con el espíritu de siempre, una nueva presentación.


Y también como siempre, quedamos a la espera de vuestras inquietudes y demandas. Escribidnos o llamadnos.
c/ Perpetuo Socorro 4, oficina 3 - 50006 Zaragoza
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Saludos cordiales.

lunes, 22 de diciembre de 2014

¡Os ha nacido un Salvador!

Cuando la razón sirve al cuidado del hombre, no a las ideas que sobre él pudieran tenerse, suele ocurrir que se llega a certezas existencial-espirituales incómodas para determinados discursos: el político, el religioso, pero también el científico-académico:

"Solo la plena experiencia de la capacidad de nacer puede conferir a los asuntos humanos fe y esperanza, dos esenciales características de la existencia que la antigüedad ignoró por completo, considerando la fe como una virtud muy poco común y no demasiado importante y colocando la esperanza entre los males de la ilusión. Esta fe y esperanza en el mundo encontró tal vez su más gloriosa y sucinta expresión en las pocas palabras que en los Evangelios anuncian la gran alegría: ´Os ha nacido hoy un Salvador`". 
(cf. H. Arendt. La condición humana, cap. IV) 

Pero sea lo que sea qué se diga... he ahí el hecho. Acogerlo en su profundidad y entenderlo, solo depende de nuestra libertad. Por eso nuestro deseo:

"Que en estos días, en la mayor libertad de la que seamos capaces, podamos saborear los destellos que nos hablan de que ´Ha nacido un Salvador`. 

Solo así el nacer -nuestro nacer- recuperará la potencia necesaria para hacernos cargo de nuestra vida y de la de los demás. 

Solo así la fe y la esperanza volverán a anidar en el mundo".


miércoles, 17 de diciembre de 2014

El hombre frente a los otros (I)

Hablar del hombre frente a los otros es hablar de ´alteridad`. De la condición de ser otro desde la perspectiva del yo, de uno mismo. Perspectiva que filosóficamente supondrá descubrir, comprender y acoger la concepción que del mundo tenga el otro. Otro que tiene costumbres, tradiciones y representaciones diferentes; precisamente las razones por las cuales forma parte del ´ellos`, no del ´nosotros`. Así, la ´alteridad` implicará ponerse en el lugar de ese otro, alternando entonces puntos de vista propios y ajenos.

Si bien es cierto que la reflexión en torno a lo que el término comprende, así como el uso del mismo, es predominantemente un producto del siglo XX (en tanto relectura de los procesos de subjetivación que en la tardo-modernidad eclosionarán tras las teorías de la sospecha primero y luego de la teoría crítica, el neo-marxismo y el estructuralismo), la ´alteridad` en cuanto comprensión del otro es un fenómeno presente a lo largo de toda la historia. Siempre la imagen del otro ha sido la referencia a partir de la cual todo sujeto, el yo de un tiempo y espacio particular, ha labrado y adquirido su auto-comprensión.

Paradójicamente, hemos sido ¿y habremos de preguntarnos si lo seguimos siendo? por oposición al otro. Pues bien, esta comprensión-por-oposición podría ser revisada -sumariamente- desde un enfoque tripartito en el cual deberíamos incluir tres momentos:
     a) el de la exclusión, en referencia al mundo antiguo y medieval,
     b) el de la convivencia pactada, en relación al mundo moderno occidental, y
     c) el de la convivencia querida que, como dinámica en ascenso aún no generalizada, se correspondería con nuestro estar en el mundo.

De estos tres momentos hablaremos en nuestra siguiente publicación.

Quedamos como siempre a vuestra disposición.
Escribidnos o llamadnos:
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Un saludo cordial.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Nuestros Diálogos 2014-2015: ¿Qué es el hombre?

¿Qué sea el hombre? supone reconocer en primer lugar la destrucción de la imagen jerárquica del pensamiento antiguo y medieval respecto al moderno y el nuestro. Así, mientras para los primeros las formas mentales explicativas de lo real, en tanto unidades coherentes e idénticas a sí mismas, no merecen ponerse en duda, a partir de la modernidad el problema será justamente explicar cómo llegan a tener cohesión y sentido unitario los contenidos agrupados tras nuestras percepciones y conceptos. Así, mientras aquellos creían saber qué fuera el hombre y todo en general, para el hombre moderno, el mundo (y en él lo humano) se presentará como desmenuzado en átomos y sensaciones, en partes dispersas de las que luego él tendrá que hacer, mediante la experiencia, una totalidad. Entendiendo a su vez que dicha experiencia tan solo le ofrecerá hechos, nunca realidades necesarias.

Con todo, en el desplazamiento explicativo de la cuestión -de las certezas a las dudas, de la sustancia a la relación-, la búsqueda de aquello esencial del hombre se dirimirá dentro de tendencias que si bien han sido y siguen siendo opuestas: la naturaleza o la cultura, lo inconsciente o lo histórico-social, han aglutinado nuevas profundizaciones acerca de la misma. Con lo cual ´conocernos a nosotros mismos`, aún a riesgo de que nuestra especificidad nos siga siendo ignorada, sigue siendo el centro de nuestro anhelo y conocer. Pero claro, un anhelo y conocer claramente determinados por todo lo otro que pueda aparecer frente a nosotros. Especialmente por ese otro que junto a nosotros, anhela y se pregunta lo mismo… Recordando a Martín Buber (1878-1965):

" El hecho fundamental de la existencia humana es el hombre con el hombre. Lo que singulariza al mundo humano es, por encima de todo, que en él ocurre entre ser y ser algo que no encuentra par en ningún otro rincón de la naturaleza... un ser busca a otro ser, como este ser concreto, para comunicar con él en una esfera común a los dos, pero que sobrepasa el campo propio de cada uno... el ´entre`..."


Quedamos como siempre a vuestra disposición.
Un saludo cordial. 

domingo, 2 de noviembre de 2014

Política y género (IV)

En nuestra última publicación -recordando a Michel Foucault- veníamos a decir que la idea que hoy tenemos de sexualidad se fundo como una forma de sujeción, como una determinación tanto para unas anatomías como para otras.

Así las cosas, y volviendo sobre la relación existente entre política y género (género que a estas alturas va más allá de cómo pensamos y tratamos lo femenino), recordemos algo de lo ya apuntado: que las actuales relaciones sexuales, no solo las genitales, podrían adoptar formas diferentes. Que podríamos volver a poner en marcha la historia personal y colectiva [Bordieu, P. La dominación masculina, 1998, pp. 7-8].

De ahí la invitación a preguntarnos -serenamente- si ante el paso de una sociedad familiar a una sociedad de individuos, el avance de los valores juveniles y feministas, la crítica y crisis de la identidad masculina tradicional y los nuevos mecanismos tecnológicos de reproducción de la especie: ¿debemos seguir pensando la afectividad, el deseo y los actos sexuales solo desde la "verdad científico-moral moderna"? Es decir desde los criterios del discurso sexual que a partir del siglo XVII se impusieron especialmente en la sociedad occidental.

En otros términos, se trata de repensar nuestra subjetividad, identidad y sexualidad en medio de un tiempo donde es evidente que existe un proceso de cambio que va desde la sexualidad coitocéntrica organizada en torno a la pareja heterosexual hacia nuevas modalidades de expresión psico-afectivas-sexuales [cf. Berger, P. - Luckmann, T. La construcción social de la realidad, 1993, pp. 60-70].

¡Y vaya si nos toca la cuestión!
Podéis como siempre escribirnos o llamarnos:
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Os dejamos un saludo cordial.

lunes, 6 de octubre de 2014

Política y género (III)

Para retomar nuestro tema, partamos hoy de unas provocadoras palabras: “la sexualidad como concepto no tiene más de tres siglos”. Pertenecen a Michel Foucault, quien se interesó por el tema desde una intención más bien práctica que intelectual. En efecto, con su indagación, el autor francés buscaba señalar las coartadas con las que el poder habría contribuido a edificar la identidad personal a partir de lo sexual.
Una identidad que definida desde lo que él llamó los "discursos sobre la sexualidad", determinó a partir de los siglos XVII y XVIII toda una administración (o política) del cuerpo. Precisamente la que cimentada sobre la idea de lo verdadero y lo falso, aglutinó el saber científico acerca de la normalidad con la necesidad, originalmente religiosa, de decir siempre la verdad sobre el propio cuerpo.

Foucault pudo establecer así, que frente a la designación que griegos y romanos habían hecho de los actos sexuales: los aphrodisia (en el sentido de un arte erótico, pero no de una definición de la identidad personal a partir de lo biológico o las mismas prácticas sexuales) desde el siglo XVII Occidente fue estableciendo sobre lo sexual todo un dominio coherente y fundante de lo individual: la scientia sexualis (la forma científica del discurso sobre lo sexual).
De este modo, los cuerpos humanos comenzaron a ser más claramente utilizados, cuadriculados, encorsetados. No por obedecer a una represión de la carne, al viejo modo cristiano, sino porque la sexualidad aparecerá como un amplio campo estratégico en el que ligando discursos, tácticas y modos de subjetivación, se puede ejercer el poder en función de unas necesidades productivas.

Un poder capaz de definir un tipo de placer distinto al del arte erótico antiguo… un poder que ha descubierto el placer de vigilar. Comienzan los tiempos en que los cuerpos -determinantes de la persona jurídica y social, de lo que "correctamente se es"- serán educados y reconducidos, en la familia, la escuela, la fábrica, el hospital, el manicomio, la cárcel... "Se funda entonces, nuestra sexualidad".

domingo, 7 de septiembre de 2014

Política y género (II)

Pero ¿qué es el género en concreto? Hace un tiempo señalábamos que la palabra alude a una construcción social, no a la separación natural de roles inherente a la condición biológica de los sujetos. Por tanto, la analogía o sinonimia semántica que a veces se hace entre los términos género y sexo sería errónea. Un error que por otra parte, más allá de sus causas: socializar lo biológico o biologizar lo social, podríamos leer como un intento renovado por definir cuáles serían las normas exactas, normativizadoras de la subjetividad humana. De donde se deduce que no haya que utilizar el término género como sinónimo culturalista de sexo; desde el punto de vista de las ciencias sociales no es exacto hablar de los géneros femenino y masculino. Así, al hablar de género nos estamos remitiendo a una categoría relacional, no a una simple clasificación de los sujetos en grupos identitarios. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS), dice del género: referencia a los roles socialmente construidos, comportamientos, actividades y atributos que una sociedad considera apropiados para hombres y mujeres. De este modo, en términos generales, el término guardaría relación con unas diferencias sociales que no tendrían su razón de ser en la tan esgrimida naturaleza.

Ahora bien, no utilizar el término género como sinónimo culturalista de sexo, no quiere decir que lo desvinculemos de la sexualidad, sino que a ésta la estaríamos afincando no en factores genéticos, sino en factores culturales. En definitiva, lo que los estudios antropológicos y sociológicos de la primera mitad del siglo XX vinieron a decir (contra el discurso que sobre el sexo había establecido la medicina) al comprobar empíricamente que no siempre las diferencias biológicas entre varones y mujeres justificarían las diferencias o desigualdades sociales establecidas. De ahí que para comprender mejor la cuestión, haya que revisar qué se ha dicho sobre el sexo en relación a unos cuerpos determinados, y qué sobre los roles privados y públicos de unos y otros.

Pues bien, para ello, en breve os contamos algo acerca de la historia de la sexualidad. En tanto, os dejamos un pequeño corto de animación de hace unos años, realizado precisamente desde la perspectiva que nos ocupa.


Y como ya sabéis, podéis escribirnos o llamarnos. 
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Un saludo cordial.